Carta

Es tan hermoso poder amar, es tan bello poder ver con el corazón y con los labios sentir. Pero nada es para siempre pues al final lo que era dulce, sabe amargo. No fue hace tanto cuando lo vi morir, y como si un mago lo hiciera desaparecer, sin apenas haber podido disfrutarlo se marchó entre susurros, y una triste sonrisa; me dijo -Ya no podemos ser dos, lo siento, es un adiós-.

No podré olvidar como mi piel se teñía de su olor, como su caricia tan suave como si su mano fuese algodón, hacía recorrer impulsos en mi alma como si de una agradable brisa se tratara. Ahora me encuentro en un océano de lágrimas que dejan seca mi almohada, ahogándome cada madrugada mientras escribo recordándola, escuchando nuestra canción.
Lo que era un dueto ahora es un sólo de piano, que emana entre sollozos notas vacías. Qué ya no es nuestra partitura, ahora es solo un recuerdo silencioso que me tritura, que me destruye cada pluma con la que escribo aún sin estar junto a ti, y aunque sea tarde quiero decir: Fuiste motivo de mi subsistir. 

Algún día cuando lo leas y te acuerdes de ese efímero, que supo sonreír con sinceridad después de conocerte. Que fuiste y eres la musa de sus escritos, que a pesar que un día abandonará este mundo, su corazón te pertenece y rompería su reloj de arena por verte una vez más y susurrarte...

Te amo.

Kanjō

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

El Susurro de Dos Inmortales

Notas que no volveran

Allí donde estés...