El refugio que aún respira en el recuerdo
Hay despedidas que no llegan como un trueno, sino como la nieve: en silencio, posándose poco a poco sobre todo lo que uno ama hasta cubrirlo de un blanco imposible de ignorar. Así se han ido ellos... no con estruendo, sino con esa quietud que deja al mundo descompasado, como una canción que de pronto olvida su propia melodía. Trece inviernos caminaron a mi lado. Y en ese tiempo, que ahora parece un suspiro y una eternidad a la vez, aprendieron el lenguaje secreto del alma. Porque ellos sabían, sabían cuándo el día pesaba más de lo debido. Sabían cuándo el silencio en mi pecho no era descanso, sino herida. Y entonces, sin pedir permiso, subían al hombro como si fuese la rama más segura del mundo, o se acurrucaban en mi regazo como quien encuentra su hogar definitivo. No hacían ruido, pero decían tanto con una mirada... Hay gestos que no pertenecen a este tiempo, que nacen de un lugar más antiguo que la memoria, como una melodía que existe antes de que nadie la nombre. El calor de su...